Desde una esquina del tiempo llega el rumor de sus voces. Mucho de lo que susurran a mi oído nunca será conocido. Pero algunas palabras verán la luz del papel, y serán.



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sábado, 22 de septiembre de 2012

El viejo (Día Mundial del Alzheimer)


Entre pecho y espalda,
lo lleva,
lo carga.
En las manos, cual viento
que sopla
y se escapa.
En la mente, de olvidos
rellena,
cerrada.
El Alzheimer, maldito,
lo lleva
a la nada.

domingo, 18 de marzo de 2012

El ómnibus


             Salió corriendo a la calle, con el pelo mojado, recogido en una trenza, y el uniforme escolar puesto a medias. Cuando el ómnibus se detuvo en la parada, a ella le faltaba media cuadra para llegar, pero el conductor la conocía, y se entretuvo un poco, para darle tiempo a alcanzarlo. Cuando logró ubicarse en un asiento, soltó el aire de sus pulmones y terminó de arreglarse la ropa. Miró, distraídamente, por la ventanilla. Sus ojos de ama de casa ya no descubrían belleza en aquellos paisajes habituales, todo le parecía monótono. Para colmo, las náuseas del embarazo le hacían muy incómodo el viaje. A la mitad del recorrido, subió un vendedor de caramelos. La insistencia de su pequeño hijo logró que comprara dos bolsitas. Incluso comió algunos, con la esperanza de endulzar un poco la jornada. Cuando llegaron al cruce con la avenida principal, el tránsito estaba detenido, por una manifestación de trabajadores. Se puso muy nerviosa: no quería llegar tarde a la ceremonia de graduación de su hijo. ¡Le parecía mentira! ¡Verlo recibido de arquitecto! Pero la demora no fue demasiado y, en la siguiente parada, subieron sus amigas, sus compañeras inseparables del Club de la tercera edad que frecuentaban.

            El ómnibus se detuvo, y el conductor tuvo que acercarse a su asiento para despertarla.

            — ¡Abuela, despierte! Usted se baja aquí. Mire, ahí están sus nietos, esperándola.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Tonalidades

La Luna se bebió toda la sangre del atardecer. Luego esperó, agazapada tras los negros nubarrones y, al amanecer, se hundió despacio en el vientre brumoso y pálido del horizonte, dibujándole un disco de un rojo tan intenso, que conjuró a la furia de la tormenta y obtuvo, como séquito, una pléyade electrizante de relámpagos.

Es sabido que el Sol, al despertarse, lloró sobre la tumba escarlata de la Luna.
Buscando acariciarla, sus rayos se mancharon, por eso, cuando quiso pintar las primeras nubes matutinas, provocó un incendio de amor, y todo fue arrebol.