Desde una esquina del tiempo llega el rumor de sus voces. Mucho de lo que susurran a mi oído nunca será conocido. Pero algunas palabras verán la luz del papel, y serán.



domingo, 5 de febrero de 2012

Despertar

            Como siempre, el primer haz de luz del amanecer se colaba por un pequeño orificio que tenía la ventana, y se reflejaba sobre la pared opuesta. Esa pequeña moneda brillante era la señal más esperada, era la señal de la vida.

            Le gustaba saborear esos instantes, al despertar, especialmente cuando había pasado la noche sin pesadillas. Sentía que había sobrevivido a la noche.

            Desde que era un niño, había tenido miedo a la oscuridad, y cuando fue creciendo, se agregó el miedo a no despertar. Un tío suyo, que vivía con ellos en la casa grande, había amanecido sin vida.

            — Pasó de un sueño a otro, -dijo, resignada, su madre.

            Pero, en su cabecita de nueve años, quedó una espina clavada para siempre.
           
            Por eso, al ver el sol, se sentía renacer, y disfrutaba contemplando cada rayo, desde que se divisaba el primero. Se quedaba inmóvil, agradeciendo el nuevo día de vida, y tratando de no hacer ruido, para no despertar a los demás. Ninguno se levantaba tan temprano, y no quería resultar una molestia.

            Pasó un tiempo que le pareció extenso. Sentía los brazos entumecidos, pero la pequeña mancha de luz no se había movido de su lugar. Tampoco escuchaba los movimientos habituales de sus compañeros, al irse levantando. Quizá se había sumido tanto en la contemplación, que en realidad, no había pasado tanto tiempo, - pensó.

            Escuchó un murmullo de voces, que sonaban lejanas. Luego, una voz grave, pronunció unas palabras que le causaron un escalofrío. Eran las mismas que había escuchado en aquel triste momento que lo había marcado para siempre: el día que murió su tío. Aquello, claramente, era un responso.

            Aturdido, tuvo la sensación de estar descendiendo, y tras un golpe seco, todo se oscureció. Desapareció hasta la pequeña esfera brillante que tanto lo animaba.

            Los últimos sonidos que escuchó fueron los de la tierra, al ir cayendo, palada tras palada, sobre su ataúd.

4 comentarios:

  1. ¡Qué figura, Hugo! También le das a lo Poe, ¿eh?
    En España son las 2 de la madrugada, me voy a dormir, si tu relato me deja.
    Un abrazo.

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  2. Es eso, sí, unas gotitas de Poe para poder dormir. ¡Dulces sueños!

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  3. Quién duerme con un cuento tan...escalofriante como ese..? Hoy no apago la luz... Aplausos de nuevo.

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  4. ¡Sencillamente magistral!!!, muy fuerte y explícito.

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