Desde una esquina del tiempo llega el rumor de sus voces. Mucho de lo que susurran a mi oído nunca será conocido. Pero algunas palabras verán la luz del papel, y serán.



martes, 21 de febrero de 2012

La ventana

            La ventana de la casa verde ejerce una extraña fascinación sobre mí. Hace ya tres días que paso por allí, y no puedo evitar sentirme atraído por su fuerza misteriosa. Me detengo largo rato, y la observo. Poco a poco, voy desnudando mi alma y le cuento, a ese intrigante rectángulo, mis fracasos, mi soledad, mis ilusiones, que han quedado muertas, una tras otra, en el camino. Y la ventana, tal vez conmovida por mi sinceridad, también me ha ido revelando sus secretos. Ahora sé por qué me atrae tan irresistiblemente. Ella guarda la entrada a una dimensión especial. Al otro lado, las cosas adquieren un sentido distinto, profundo y concreto. Hay allí una atmósfera propicia para que los sueños se materialicen, y para que las personas convivan en armonía.

            Hoy me he despertado siendo todavía noche cerrada. Un nudo tenso, en la boca de mi estómago, me anuncia que puede suceder algo importante. Y, cuando el sol disipa las tinieblas, llenándolo todo de un rojo incandescente, sólo comparable al de la sangre brotando de una herida, entonces comprendo que éste es el día elegido.

            Camino apurado. Casi corro hacia la casa verde. Y al llegar frente a la ventana, sus hojas entreabiertas confirman todas mis premoniciones: ha llegado el momento. Los latidos de mi corazón ahogan todos los demás sonidos. Pongo todas mis ansias en el impulso, y salto hacia adentro.

            Estoy tratando de recordar cada detalle, e intento revivir cada una de las sensaciones que me embargaron durante esa experiencia indescriptible. Mis argumentos deberán ser muy sólidos, porque el dueño de la casa me acusa de intento de robo, y las sirenas se escuchan cada vez más cerca.

4 comentarios:

  1. Que todos los robos fueran así de poéticos. Gracias por tus textos Hugo.

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  2. ¡Vaya!, esta vez, tu relato me toca de cerca. Nooo, no soy ladrón, al menos de momento. Soy de los que ponen sirenas, y es que vivir del cuento esta jodido (con perdón). Buen trabajo, Hugo, como siempre.

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  3. Oh! (ojos desorbitados,sudor frío) es sólo ficción...en realidad no entré en la casa, no...Oye, yo soy guerdia privado, ahí estaba la química!

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