Desde una esquina del tiempo llega el rumor de sus voces. Mucho de lo que susurran a mi oído nunca será conocido. Pero algunas palabras verán la luz del papel, y serán.



sábado, 14 de enero de 2012

Duda. (¿O indecisión?)

DUDA (¿O INDECISIÓN?)

            Caminó hasta el final del pasillo. Allí había dos puertas. Una le quedaba de frente, en la pared al fondo del corredor, y otra a su derecha. Ambas puertas estaban cerradas.

            Entonces, se le planteó la duda. No sabía cuál de las dos puertas pertenecía a la persona que debía entrevistar. Tampoco recordaba a quién debía entrevistar. Ni siquiera sabía si era hombre o mujer, mucho menos podía saber o recordar su nombre o su apellido. Sin esos datos, no podía preguntar, para orientarse. Cayó en la cuenta de que había llegado hasta allí totalmente desprovisto de información. ¿O es que había sido muy descuidado?

            Repasó mentalmente las últimas horas. No recordaba si fue antes o después del mediodía, que llegó a la redacción del diario. ¿O fue a los estudios de la radio? Estaba casi seguro de que no había ido al canal de televisión, porque allí sólo iba los jueves, y hoy era... ¿Qué día era? No tenía ningún almanaque cerca para confirmarlo.

            El caso es que, fuera donde fuera que había concurrido, allí había tenido una charla con su jefe inmediato (en el canal era jefa, no estaba seguro si Mariana o Estela). Seguramente fue una charla extensa, pero eso no lo recordaba con precisión. Tal vez, fue una charla breve, donde se dan las indicaciones concretas, y listo.

            Le habían pedido una nota especial, que esa misma noche debía aparecer en el noticiero, o que debía entregar en la redacción del diario antes del cierre.

            La persona era algo así como una estrella de la música pop o un/a deportista renombrado/a. Debía llegar al hotel donde se hospedaba (tal vez fuera su residencia particular), exactamente a una hora que, distraídamente, había olvidado anotar.

            Apenas se puso en camino para cumplir con la tarea encomendada, se dio cuenta que no había retenido con claridad la dirección del lugar a dónde se dirigía. Pero confiaba en su instinto. No en vano llevaba veinte años en la profesión ¿o eran treinta?

            Cuando llegó al hotel, tuvo la suerte de que no hubiera nadie en la recepción. Se dirigió rápidamente al ascensor, y... nuevamente la duda: ¿En qué piso le habían dicho que estaba el personaje? Otra vez, a confiar en su olfato periodístico. Cuando el ascensor se detuvo en el piso determinado, salió al rellano. Las consabidas dos opciones, derecha o izquierda, lo hicieron vacilar un instante. Optó por la derecha, y llegó al lugar donde ahora se encontraba, dubitativo, frente a las dos puertas cerradas.

            Luego de repasar todas estas peripecias que había vivido en la tarde, se estremeció al pensar que ahora se le abrían tres opciones: golpear en una de las puertas, sin saber a quién iba a encontrar y sin saber qué decirle; golpear en la otra puerta, en las mismas condiciones; o volver sobre sus pasos, y marcharse de allí sin haber cumplido con la tarea encomendada.

            Esa noche, llegó a su casa y encendió el televisor. Habían anunciado que la entrevista central del noticiero sería espectacular, y no quería perdérsela.
            Tomó una cerveza (¿o un refresco?) y se arrellanó en el sofá, pendiente de lo que decía la presentadora:

— Estimados televidentes, por causas de fuerza mayor, (o por problemas ajenos a nuestra voluntad), no podemos emitir la entrevista que habíamos prometido. No fue posible realizarla en el día de hoy, pero intentaremos cumplir con ustedes en nuestra próxima edición... (O en algunas de las siguientes, o en otro espacio de nuestra programación). Pedimos disculpas, y agradecemos vuestra comprensión.

3 comentarios:

  1. Algún duendecillo travieso de la red me la está jugando, me explico: este relato está bien, ya sabes, en serio. Pero en el que realmente deseaba dejar mi comentario es en tu "Oda a la Luna", comentario que incluyo aquí por culpa del dichoso duendecillo. Y el comentario desubicado en cuestión es: ¡Sencillamente fantástico, Hugo! ¡Ánimo! Si mantienes ese nivel te auguro un muy buen porvenir como poeta, en serio.
    Un abrazo.

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  2. Gracias, Cuentista, en serio. Se trata de compartir.

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  3. Me encantó.....sin palabras... porque no sabría qué decir...o quizá sí...O mejor no. no se´...talvez...

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